
Rocío Ramos/Público
La riña del 12 de septiembre fue provocada por la FEU, dicen fegistas.
La Federación de Estudiantes de Guadalajara (FEG), encabezada por su dirigente Alejandro Buenrostro, rechazó la responsabilidad en el zafarrancho del pasado 12 de septiembre, que fue protagonizado por su organización y miembros de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU). Buenrostro dijo que la FEG fue víctima de los hechos violentos suscitados en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades (CUCSH) el pasado miércoles 12 de septiembre.
Según el dirigente fegista, los encabezados por el presidente de la carrera de derecho Roberto Israel Rodríguez, fueron los causantes de la riña, pues los amedrentaron y empezaron la agresión: “Tuvimos que repelerla como todo mundo lo haría”.
A decir de la organización, no hubo armas de ninguna clase, como declararon las autoridades universitarias, y los miembros de la FEU fueron los que trajeron alumnos para armar la trifulca: “Trajeron gente de la preparatoria 4, la vocacional, medicina y enfermería”.
Sobre la representación fegista en la UdeG, Buenrostro dijo que en las preparatorias y en los centros universitarios los miembros de la organización trataron de competir en las elecciones de ayer a consejeros, pero no se les dejó. “Siempre sacan un pretexto para que no se le dé participación al estudiante que es parte de la FEG”. Según Buenrostro, este año les dijeron que si no tenían la firma de algún secretario de la FEU no podrían competir. “Si ellos no permiten la participación de nuestros compañeros y se siguen metiendo los funcionarios de la UdeG, la organización tomará la decisión de hacer elecciones paralelas”, añadió.
Para echarle más leña al fuego, aseguró que hubo enfrentamientos de miembros de la FEU en el centro universitario de Ocotlán y en las preparatorias 8, 10 y 12, en las dos semanas pasadas. Asimismo, hizo hincapié en que la FEG pedirá reformar la Ley Orgánica de la Universidad de Guadalajara.
“Iremos al Congreso del Estado para exigir que se retome la cuestión de la reforma, de esa manera se terminaría el caciquismo”.
Por su parte, Mario Ramírez Gutiérrez, ex presidente de la FEG y sobrino de Carlos Ramírez Ladewig, declaró que en el evento de aniversario luctuoso de su tío no se pretendía más que conmemorar al ex líder universitario. Recordó que hace más de 32 años se hace ese evento conmemorativo en el auditorio Salvador Allende del CUCSH. “Es imposible que haya habido armas: nos quedamos una hora en el evento, donde había más de 40 directores de secundarias, y es ilógico que tuviéramos preparada esa situación”.
Ramírez Gutiérrez acusó a los actuales dirigentes de la Universidad de tener a mercenarios en nómina y dijo que muchas personas con antecedentes penales están contratadas.
Los fegistas aseguraron que las actitudes porriles vienen de adentro de la UdeG y repartieron copias del oficio con el que les autorizó la Universidad a realizar el acto conmemorativo.
Finalmente se deslindaron de las acusaciones de que había sido planeada la riña en el centro de Ciencias Sociales: “No nos interesa quién gane en la FEU”, recalcó Ramírez Gutiérrez.
[...] Este blog que estoy leyendo ultimamente escribio un post muy interesante, Aqui os pongo un extracto frikis!!:La FEG se defiende: dice que es víctima 21 09 2007 Rocío Ramos/Público La riña del 12 de septiembre fue provocada por la FEU, … declararon las autoridades universitarias, y los miembros de la FEU fueron los que trajeron alumnos para Posted in Red Universidad ( 1 link from 1 site) [...]
HOLA
ESTOY BUSCANDO DONDE PUEDO FORMARME COMO ACTRIZ, AGRADECERIA INFORMACION…
ATTE: ADDY
SON MALOPS SOLO NOS ACEN DAÑO
bueno
no tengo muy claro esto }
me da la cvuriosidad de saber mas
de la feg y de la feu
quien es el bueno quien es el malo
I_I pq tanto polimica x k dicen que uvo matanzas y no ay ????? no entiendo .solo k me este equivocando de problema ,feg o año
Janet y aimeé hola compañera creo que puedo responder a tu pregunta, mira todo está de este modo la FEU no existía anteriormente, únicamente la FEG, la FEU fue creada por Raúl Padilla el la controla y dirige son como sus muñequitos de trapo hacen lo que ordena el jefe pues el la sostiene económicamente. Raúl padilla perteneció a la FEG según he leído y el llego a ser Rector de la Universidad por Carlos Ramírez Ladewig quien lo apadrino para llegar a ese puesto y luego los traiciono y formo la FEU, su hermano y su primo famosos clan padilla también fueron dirigentes de la FEG de hecho Raúl padilla fue presidente de la misma al igual que su hermano, y esa fue la época donde comenzó el vandalismo en la FEG y se dice que por eso fueron los enfrentamientos a balazos por que padilla traiciono a la FEG y a su líder y bueno eso lo descubrí en la jornada busca La Jornada FEG y tendrás toda la información y si tienes dudas y te puedo ayudar estoy a tus ordenes bye compañera ahí les dejo estas reflexiones sobre lo que ocurre en la universidad las encontré en LA JORNADA les recomiendo este periódico ya que si es objetivo y realista
c) La mayoría de los estudiantes no hizo suyas las causas de Briseño ni de Padilla. Y tampoco se interesó en lo que sucedía en su universidad. Es decir, existe apatía por lo político-universitario: miles de alumnos ni se enteraron del conflicto. Parte de esta indiferencia se debió a la FEU, organización que dice representar a todo el alumnado de la UdeG pero no abona a la participación política estudiantil libre, plural y democrática. Al contrario, busca la cooptación de los jóvenes de la máxima casa de estudios de Jalisco.
d) Los académicos de la UdeG permanecieron en su mayoría callados durante todo el proceso conflictivo. La pugna interna del llamado Grupo Universidad fue, sin duda, una gran oportunidad para que los profesores e investigadores alzaran su voz, dieran su opinión y discutieran ideas sobre lo que está bien y mal en la Universidad. Pero no hubo intentos, o fueron mínimos. Parece ser que la comunidad académica tiene miedo de participar políticamente. Algunas notas periodísticas lo resaltaron: sí hay inconformidad con el estado de cosas, sí hay críticas hacia los padillistas y briseñistas (que hasta hace algunos meses eran lo mismo), pero no se alza la voz por el pánico a perder posiciones y puestos de trabajo.
e) El conflicto al interior de la UdeG (o de la elite que la domina) demostró que se precisa un cambio en la Ley Orgánica y en el Estatuto General de la máxima casa de estudios. La controvertida destitución de Briseño Torres indica que las leyes no son claras y que eso da motivo a procesos tan mal llevados y cuestionados como el que se vivió en el Consejo General Universitario (CGU) hace ya más de una semana.
f) Parece ser que la Universidad es un reflejo de la sociedad: no existe una verdadera representatividad. Los consejeros que se dieron cita en el Paraninfo de la UdeG el día en que se destituyó a Briseño, aunque formalmente representan a toda la institución, suelen tener poco contacto con la comunidad universitaria. Ahí estaba, por ejemplo, Samuel Romero Valle, que ni en el CGU ni en el Congreso estatal mantiene una relación con sus representados.
g) Para realizar un cambio en la UdeG se necesita un análisis que vaya más allá de rencores, disputas entre las elites y posiciones viscerales. No se puede negar, por ejemplo, la hegemonía de un grupo como es el encabezado por Raúl Padilla, su corporativismo, la falta de transparencia en el ejercicio de recursos públicos, su autoritarismo y un largo etcétera. Tampoco, sin embargo, se deben omitir ciertos logros que ha tenido durante los últimos años, como la FIL. Para llevar a cabo un cambio del actual estado de cosas, se precisa analizar detenidamente qué ha sucedido en la UdeG los últimos años y pensar cómo modificar lo que está mal y cómo potenciar lo que está bien.
h) El sistema por el cual se gobierna la UdeG requiere un cambio radical. Existe un problema en la representatividad. Igualmente, hay varios procesos de elección (como el nombramiento de rectores de centro, jefes de división y departamento, etcétera) que deberían ser votados por académicos, estudiantes y administrativos. Para que se llegue a una verdadera democracia en la Universidad se necesita una transformación en la forma de elegir a las autoridades. Solamente así, con cambios de fondo, se podrá decir que la UdeG es libre, plural y demócrata. Y se precisa que estas reformas se den pronto.
JORGE ZEPEDA…
Sin duda Raúl Padilla, el jefe político de la Universidad de Guadalajara, ha sido un hombre de intensos claroscuros. Cuando ha sido malo, ha sido bastante malo; pero cuando ha sido bueno ha sido mucho mejor, diría Mae West de haberlo conocido. Arrastra en su pasado la afrenta de haber sido presidente de la FEG cuando esa organización era poco menos que una mafia dedicada al control y a la represión de estudiantes, pero tiene en su haber la notable proeza de haberla despistolizado y neutralizado. Durante casi veinte años Raúl ha controlado la Universidad de Guadalajara con métodos que tienen mucho de corporativistas y clientelares, pero también es indudable que ha conseguido logros notables.
Y no me refiero sólo a la FIL y al Festival de Cine, que pusieron a Guadalajara en el panorama cultural del planeta. El proyecto de descentralización de la UdeG, con sus numerosos campus regionales es un modelo de referencia y no sólo en México. Sólo una voluntad política unificada como la que ejerce Padilla pudo romper las inercias centralizadoras de Guadalajara. Basta decir que, aparte de la educación superior, prácticamente todas las esferas de la vida pública han sido incapaces de sacudirse el monopolio asfixiante que ejerce el poder tapatío sobre su región. El liderazgo “transquinquenal” de Padilla permitió una estrategia de largo plazo de la que carecen los políticos, esclavos de la inmediatez electoral.
Pero los mayores aciertos de Raúl residen en “lo que no vemos”. El activismo inestable de universidades públicas como la Nicolaita en Morelia, la Universidad de Sinaloa en Culiacán, la de Hidalgo en Pachuca, la de Guerrero en Chilpancingo, la de Tlaxcala y un largo etcétera, ilustran lo que, por fortuna, no es la UdeG. Y vocación no le faltaba. Quizá ya se nos olvidó lo que padecimos en los setentas y principios de los ochentas: Preparatorias infestadas de porros y bandas subversivas, por un lado, o criminales, por otro, salidas de círculos estudiantiles. “El Pelacuas”, “Los Gorilones”, “El Cacique”… son nombre que aun inspiran animadversión y forman parte de una leyenda dejada atrás, gracias a que la fracción de Padilla se hizo del control de la Universidad y acabó con ella.
La segunda universidad del país pudo haber sido una fuerza desestabilizadora en la región, una caja de resonancia de todas las agitaciones, pero no lo fue. Incluso la UNAM o la Universidad de Nuevo León han pasado por largos períodos de huelga o movilizaciones, mientras la UdeG construía campus regionales y hacía de la FIL la joya de la corona.
Quizá el servicio que el liderazgo de Raúl Padilla prestó a la sociedad tapatía ya esté agotado. Por benigno que haya sido su caudillazgo, una sociedad que aspira a la democracia tendría que transitar a procesos más transparentes, inclusivos y horizontales. Pero antes de aplaudir la supuesta caída del grupo de Raúl Padilla asegurémonos que se esté dando por las buenas razones. Y desde luego, el embate de Carlos Briseño no es una de las “buenas razones”.
Basta ver los aliados del depuesto rector para darnos cuenta de que su propuesta constituye una regresión política, un viaje al pasado. ¿Qué hacen los líderes nacionales del PRI en un informe de rectoría? ¿Por qué debe la comunidad universitaria recibir al “gober precioso” en circunstancias en que incluso los académicos poblanos lo han repudiado? ¿Cual es el precio del espaldarazo de Manlio Fabio Beltrones y Emilio Gamboa? Herbet Taylor, brazo derecho del gobernador, ha hecho considerables esfuerzos para allanar el camino de Briseño, pese a que el gobernador asegura no estar metiendo las manos. La convocatoria de Briseño a la vieja FEG el jueves pasado no hizo sino confirmar los peores temores sobre el grupo político que intenta destronar la hegemonía de Padilla. Ninguno de estos apoyos será gratuito.
Y es que la Universidad de Guadalajara es un botín político que todos desean; la caída de la corriente que Raúl encabeza representaría el fin de la veda, el río revuelto que buscan los pescadores.
Por las razones que fuesen (ego, desconfianza o habilidad) Raúl Padilla logró aislar a la UdeG de la clase política local. En otras regiones, los políticos penetran a la universidad para hacerse de base social y, en ocasiones, de grupos de choque. No ha sido el caso en Jalisco. Pero las alianzas a diestra y siniestra de Briseño amenazan con romper esa neutralidad de facto.
Desde luego, Padilla cometió errores. Nunca debió vincular los intereses del PRD con los de la fracción política que domina a la Universidad. Ciertamente le proporcionó al líder relaciones personales con la élite perredista nacional. Y desde luego, si López Obrador hubiera ganado, muchos estarían alabando su habilidad. Pero más allá de cualquier cálculo político, no era correcto “amarrar” la vida universitaria a ninguno de los partidos. Simple y sencillamente por razones éticas, por el carácter “universal” que debe tener la universidad de todos. Y pese a ello, es tal la debilidad del PRD en Jalisco, que la alianza resultó inofensiva. Por lo menos mantuvo lejanos a los políticos profesionales del PRI y el PAN, partidos que sí tienen peso en la entidad.
Es cierto que puestos a decidir entre Briseño y el mundo oscuro que él representa, por un lado, y el liderazgo relativamente ilustrado que caracteriza a Padilla, por el otro, no hay duda sobre cual inclinarse. Pero también es cierto que Briseño llegó allí por la decisión de Raúl, lo cual lleva a preguntarnos si una universidad tan poderosa no requeriría ya de mecanismos de gobierno mucho más institucionales y abiertos, que no dependan de los aciertos o desaciertos de un “hombre fuerte”.
También es cierto que el liderazgo de Padilla dista mucho de ser una dictadura; la longevidad de su dirigencia se ha basado en su habilidad para escuchar, sondear y generar consensos dentro de la comunidad universitaria. Pero en última instancia es él quien toma las decisiones importantes.
Raúl Padilla sabía que su liderazgo no era eterno, y había comenzado un largo proceso de institucionalización y descentralización para modernizar a la Universidad, pero asegurando, al mismo tiempo, un férreo control del proceso para evitar desajustes y equívocos. Pero en este extraño y difícil juego de equilibrios y contradicciones optó por Carlos Briseño, un hombre en apariencia leal pero limitado intelectualmente. Como diría Díaz Ordaz refiriéndose a Echeverría, no pudo equivocarse de peor manera. Padilla traicionó su propio proyecto de modernización al elegir a Briseño, en aras del control, y acabó siendo víctima de su esbirro.
Al margen de lo que dictaminen los jueces sobre los dos rectores, es muy probable que el grupo de Padilla pueda sortear el embate tan tosco y apresurado de los briseñistas. Pero el conflicto dejó en evidencia las prácticas rezagadas, la necesidad de transparencia y la falta de pluralidad. Lo mejor que podría pasarle a la Universidad es que sean los propios padillistas los que aceleren el proceso de modernización y democratización en una transición benigna. Estamos ya en cuenta regresiva; si no se apresuran, los universitarios lo harán sin ellos. http://www.jorgezepeda.net