FEU: Gasto discrecional y Secreto

23 10 2007

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Víctor Manuel López Álvaro/Proceso

El presidente de la Federación de Estudiantes Universitarios (FEU), Carlos Alberto Corona Martín del Campo, ya ejerció 8 millones 709 mil pesos de la Universidad de Guadalajara desde 2004 y nadie sabe dónde quedaron porque no ha rendido cuentas.

Quien fuera el vicepresidente de la federación en este período (2004-2007), César Barba, el Chicho, ahora candidato a presidir esta organización estudiantil, aseguró en entrevista que ni siquiera sabe a cuánto asciende el presupuesto global de la FEU.

“Tendría que pedirlo por medio de la Ley de Transparencia”, comentó. Ni el propio Corona supo decir el monto de su presupuesto. Le aseguró al reportero que desconocía la cifra. Lo cierto es que según información oficial de la Coordinación General de Servicios a Universitarios de la UdeG, dependencia que administra los recursos de la FEU, le aprobó 9 millones en total desde el 2004, el cual ya casi ejerció en su totalidad.

Mientras tanto, en esta campaña electoral estudiantil se han gastado ya 3 millones de pesos que salieron de las arcas de la Universidad de Guadalajara.

El Instituto de Transparencia e Información Pública (Itei) consideró, en una resolución en noviembre del año pasado, que la FEU es un sujeto obligado a informar de sus gastos por recibir recursos públicos. Al no hacerlo, incumple con la ley respectiva y podría ser sancionado, como ha sucedido con otras instituciones estatales y municipales.

De acuerdo con esta ley, la federación estudiantil tiene la obligación de contar con una unidad de enlace para atender las necesidades de información fundamental que requiera la opinión pública, haya o no solicitudes de por medio. Esto incluiría la nómina, los gastos en comunicación social, sus informes y presupuestos anuales. Sin embargo, la organización no ha cumplido con esta disposición.

Carlos Corona –de abierta filiación priista y aspirante perdedor a diputado local por el Distrito 15 y a regidor por Guadalajara– se ha distinguido por una práctica política que genera polémica.

En las pasadas campañas electorales utilizó 50 mil pesos de la UdeG para la impresión de 200 mil carteles y trípticos que se repartieron en la vía pública para denostar a Emilio González, entonces candidato a gobernador por el PAN, y así favorecer a Arturo Zamora, del PRI.

El motivo de la campaña fue que González Márquez declaró que la UdeG “es una caja negra” ineficiente controlada por la “burguesía dorada”, en alusión al grupo UdeG. Corona no fue sancionado por darle ese uso al dinero universitario.

Cifras que no cuadran

La UdeG le ha entregado a Carlos Corona los casi 9 millones de pesos en cheques mensuales por “becas de apoyo a la representación estudiantil mayoritaria”, que el dirigente maneja a discreción.

Proceso Jalisco tiene en su poder las copias de ellas por cantidades que varían: desde 40 mil pesos hasta 160 mil en un solo mes. ¿Cómo los gasta Corona? ¿A quién le rinde cuentas? Nadie sabe.

Por ejemplo, en 2005 se le entregaron cerca de 500 mil pesos; al año siguiente más de 2 millones y, hasta marzo pasado, ya le habían entregado 360 mil.

En ocasiones se le entregaron hasta tres cheques. En septiembre de 2005 recibió un total de 100 mil pesos y, en octubre, 180 mil. Y en los meses de intensa campaña electoral en 2006, Corona llegó a recibir –en mayo y junio– 360 mil pesos por “becas de apoyo a la FEU”.

En 2005, aparte de la prerrogativa ordinaria de 1 millón 357 mil pesos que la UdeG le entregó, el dirigente estudiantil recibió una ampliación de 1 millón, y otros 2 millones por concepto de las “elecciones” anuales de representantes en cada preparatoria.

De todos estos recursos, hasta mayo de 2006 Corona sólo había justificado medio millón de pesos, de acuerdo a las facturas de gastos entregados a la Universidad (Proceso Jalisco 85).

También se documentó que las cifras no cuadran. Existían facturas de gastos que jamás se realizaron, como el relativo al encuentro deportivo FEU-Vallarta en 2005, al que asistirían representantes de alumnos de la UdeG: son los participantes quienes pagan el hospedaje y la FEU sólo gestiona su hospedaje en el hotel que ofrezca la mejor tarifa. Aun así, la federación entregó facturas de hospedaje por 292 mil pesos en ese año.

Después, en 2006, recibió y ejerció un presupuesto de 5 millones 229 mil pesos y en el presente año 1 millón 474 mil, de los cuales –según datos de mayo pasado– le faltaba ejercer 349 mil.

En contraste, durante el período 2001-2004 el presupuesto dela FEU fue de aproximadamente 5 millones de pesos, y con él se llevaron a cabo conciertos al aire libre, una campaña de prevención del VIH-sida llamada Código Rojo y el Congreso Latinoamericano de Estudiantes, auspiciado por la Organización Continental Latinoamericana y Caribeña de Estudiantes (OCLAE, la mayor de su tipo en el mundo y con sede en Cuba); así mismo, se editaron los únicos tres libros con el sello de la FEU: Trazos en el tiempo, Memorias del CLAE y El rock tapatío, una historia por contar.

Omisiones

En septiembre de 2006, este semanario solicitó a la Universidad de Guadalajara el currículum de Carlos Corona, sus informes de actividades y el monto del presupuesto anual de la FEU. La respuesta fue que “no era de su competencia” y que se tendría que solicitar directamente a la federación estudiantil.

A mediados de octubre se presentó el recurso de revisión 607/06 ante el Itei, que en la sesión del consejo el 31 de octubre de 2006 resolvió que la UdeG había actuado conforme a la Ley de Transparencia. La solicitud se tendría que hacer directamente a la FEU.

En el acta del consejo quedaron asentadas las palabras de Augusto Valencia, titular del Itei: “Debemos verificar que ese organismo (FEU) cuente con una Unidad de Transparencia e Información así como un Comité de Clasificación, ya que recibe recursos públicos a través de la Universidad de Guadalajara y por lo tanto, de conformidad a la Ley de Transparencia e Información Pública de Jalisco, es un sujeto obligado”. Ha pasado casi un año y la FEU no ha publicado la información fundamental.

Esta misma ley establece en su artículo 9 que el titular del sujeto obligado deberá emitir el reglamento interno en materia de transparencia e información pública. Así mismo, tiene la obligación de publicar de manera permanente la información fundamental actualizada, ya sea en folletos, estrados, periódicos murales, boletines o en una página de internet.

De acuerdo al artículo 13, la FEU también está obligada a informar, sin que medie ninguna solicitud, sobre el presupuesto que se le asigna, así como a proporcionar los informes de su ejecución, los balances generales y los estados financieros.

Sin embargo, Corona insiste en incumplir la disposición legal. En su página institucional, www.feu.org.mx, sólo ha publicado boletines de prensa e informaciones sobre algunas actividades de la federación sobre eventos deportivos.

En esa página web aún se puede leer el texto escrito por Carlos Corona en contra de Emilio González, que publicó el 29 de junio de 2006, en plena campaña electoral, en el cual califica al entonces candidato panista de “peligro para la educación pública con su pensamiento neoliberal y reaccionario”.

En esta página oficial se promete que “la FEU ayuda en temas como gestión académica, administrativa; efectúa gestiones en materia social para el beneficio de los estudiantes; desarrolla actividades académicas, de recreación, actividades deportivas y culturales”. Hasta la fecha no se tiene conocimiento de estos eventos realizados por la federación.

El preferido

Desde 1996 Corona había intentado ganar algún espacio universitario y su mejor participación se dio en 1996, cuando lo nombraron candidato único y ganó la presidencia de la Preparatoria 3.

En 1998 apoyó a Leopoldo Pérez Magaña para que presidiera la FEU en el período 1998-2001; una vez que Pérez ganó, designó a Corona secretario de Comunicación Social de la organización estudiantil. Posteriormente aspiró a ser representante general del alumnado en el Centro Universitario de Ciencias Sociales y Humanidades y no lo logró: fue electo Ricardo Villanueva, quien presidiría la FEU en el período 2001-2004. Corona, que era su contrincante en esa elección, finalmente consiguió la vicepresidencia.

Durante este período Corona quiso encabezar el Frente Juvenil Revolucionario del PRI estatal y ni siquiera lo dejaron participar porque se descubrió que estaba afiliado al PRD. Después, durante las campañas de los precandidatos a la presidencia nacional del PRI, Corona le prometió votos a Beatriz Paredes; hizo lo mismo con Enrique Ibarra en su campaña por la candidatura a la presidencia municipal de Guadalajara en 2003. No cumplió su palabra.

Sin embargo, en 2004 Corona fue nombrado candidato único a presidir la FEU –hecho sin precedente en la historia de la organización– y desde ese entonces la encabeza.

También aspiró en 2005 a ser diputado local por el distrito 11; hizo toda la campaña como precandidato y al final no participó. En las elecciones pasadas le prometieron que lo pondrían en el número dos como regidor en la planilla de Leobardo Alcalá Padilla para la presidencia municipal de Guadalajara, pero terminó en la posición número 11. luego Alcalá perdió y a Carlos Corona no le tocó ninguna posición.

La actual presidenta del PRI, Beatriz Paredes, lo nombró secretario de asuntos de la juventud del Comité Ejecutivo Nacional del partido.

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6 respuestas

21 05 2008
Lic. Hector Arreola

¿Por qué siempre envían información que intenta desviar la atención de los temas de la universidad? Ese tipo de reaccciones hacen parecer todo aún más sospechoso.

22 05 2008
OGT

Jueves, 22 Mayo, 2008

Dicen algunos políticos profesionales que en asuntos del poder hay que creer sólo en los intereses de las personas, no en las intensiones que manifiestan. Así las cosas; las afinidades, trayectorias, afectos, filias y fobias no contarían, lo que realmente debe estimarse es si los intereses políticos serán coincidentes o no. Bajo esta lógica, los acuerdos serán confiables sólo cuando hay intereses comunes, un ganar-ganar de la política siempre circunstancial. Este juego de acuerdos regido por un absoluto pragmatismo es justamente ese que en ocasiones se califica, entre otros epítetos, de maquiavélico. Se le llama así justo por dejar de lado principios, el deber ser de las cosas y la elemental congruencia que un sujeto debe guardar. Al proceder así los políticos profesionales olvidan que, a los ojos de los demás, lo que pierden es el principal activo que hoy deben cultivar bajo una democracia: credibilidad, y por consecuencia, confianza.

El pragmatismo de un político profesional, llevado a su máxima expresión, generalmente se interpreta como astucia, sagacidad, inteligencia, habilidad. Puede serlo en cierta forma. Empero también denota falta de congruencia y una efímera convicción ideológica que cambia según sopla el viento. Bajo ese comportamiento cargado de pragmatismo es difícil creer, y por consecuencia, confiar en un político que se rige por la oferta y la demanda sin recato alguno. Que hace o rompe compromisos simplemente porque con ello gana un poco más a corto plazo. Se torna riesgoso apostar a largo plazo en la palabra de alguien que no expresa escrúpulos para establecer alianzas y hacer compromisos, si le dan un poco a ganar. No es sensato confiar en alguien que somete sus decisiones y lealtades a una suerte de subasta bajo el principio exclusivo del costo-beneficio.

En política la credibilidad y confianza que alguien pueda despertar en la sociedad y entre sus propios colaboradores se gana sosteniéndose, en las buenas y en las malas, con sus principios, trayectoria e ideas. Esto no significa que las ideas no puedan pulirse a través del tiempo y tomar con ello un matiz diferente. Todo político modifica, para bien o para mal (ahí está la clave), sus ideas a través del tiempo como consecuencia de sus experiencias, aprendizaje e incluso de su edad. Lo que no inspira confianza son los virajes de 90 o 180 grados, esa prostitución de la ideología sin mayor justificación que una pequeña ganancia personal. A largo plazo se pierde más de lo que aparentemente se gana cuando se actúa bajo ese pragmatismo y se pretende estar en más de dos pistas a la vez como malabarista de la política.

Hace poco más de una década se habló del fin de las ideologías. Hoy se puede estar seguro que las ideas son indispensables para un político que aspire a ser confiable. La construcción de acuerdos de pragmatismo puro deja de lado los principios, trayectoria e ideas. Consigue dividendos a corto plazo y sacrifica la credibilidad por una alianza circunstancial. Esa es la historia de algunos políticos profesionales, que se les reconoce como astutos, sagaces e inteligentes, pero en los que difícilmente esta sociedad podría confiar.

gabtorre@hotmail.com

22 05 2008
Alejandro Fuerte

A mí me da gusto saber de gente que como Roberto Castelán muestra su inconformidad respecto a las políticas de rectoría, comienza a emerger la sociedad civil en nuestra universidad y esto es algo que hay que agradecer, no sé a quién, pero hay que agradecerlo. Ya basta de hegemonías absurdas en la universidad de todos los jaliscienses.

22 05 2008
Anonimo

Me da mucho gusto que CARLOS BRISEÑO este recibiendo parte de las mentadas de madre que muchos de los universitarios quisieramos hacerle de viva voz. No es posible que una persona con sus instintos y principios este al frente de la U. OJALA Y SEA CANDIDATO PRONTO Y SE VAYA, PERO CON TODA SU GENTE.

22 05 2008
Columna en PÚBLICO

Pragmatismo Político
Gabriel Torres Espinoza

Jueves, 22 Mayo, 2008

Dicen algunos políticos profesionales que en asuntos del poder hay que creer sólo en los intereses de las personas, no en las intensiones que manifiestan. Así las cosas; las afinidades, trayectorias, afectos, filias y fobias no contarían, lo que realmente debe estimarse es si los intereses políticos serán coincidentes o no. Bajo esta lógica, los acuerdos serán confiables sólo cuando hay intereses comunes, un ganar-ganar de la política siempre circunstancial. Este juego de acuerdos regido por un absoluto pragmatismo es justamente ese que en ocasiones se califica, entre otros epítetos, de maquiavélico. Se le llama así justo por dejar de lado principios, el deber ser de las cosas y la elemental congruencia que un sujeto debe guardar. Al proceder así los políticos profesionales olvidan que, a los ojos de los demás, lo que pierden es el principal activo que hoy deben cultivar bajo una democracia: credibilidad, y por consecuencia, confianza.

El pragmatismo de un político profesional, llevado a su máxima expresión, generalmente se interpreta como astucia, sagacidad, inteligencia, habilidad. Puede serlo en cierta forma. Empero también denota falta de congruencia y una efímera convicción ideológica que cambia según sopla el viento. Bajo ese comportamiento cargado de pragmatismo es difícil creer, y por consecuencia, confiar en un político que se rige por la oferta y la demanda sin recato alguno. Que hace o rompe compromisos simplemente porque con ello gana un poco más a corto plazo. Se torna riesgoso apostar a largo plazo en la palabra de alguien que no expresa escrúpulos para establecer alianzas y hacer compromisos, si le dan un poco a ganar. No es sensato confiar en alguien que somete sus decisiones y lealtades a una suerte de subasta bajo el principio exclusivo del costo-beneficio.

En política la credibilidad y confianza que alguien pueda despertar en la sociedad y entre sus propios colaboradores se gana sosteniéndose, en las buenas y en las malas, con sus principios, trayectoria e ideas. Esto no significa que las ideas no puedan pulirse a través del tiempo y tomar con ello un matiz diferente. Todo político modifica, para bien o para mal (ahí está la clave), sus ideas a través del tiempo como consecuencia de sus experiencias, aprendizaje e incluso de su edad. Lo que no inspira confianza son los virajes de 90 o 180 grados, esa prostitución de la ideología sin mayor justificación que una pequeña ganancia personal. A largo plazo se pierde más de lo que aparentemente se gana cuando se actúa bajo ese pragmatismo y se pretende estar en más de dos pistas a la vez como malabarista de la política.

Hace poco más de una década se habló del fin de las ideologías. Hoy se puede estar seguro que las ideas son indispensables para un político que aspire a ser confiable. La construcción de acuerdos de pragmatismo puro deja de lado los principios, trayectoria e ideas. Consigue dividendos a corto plazo y sacrifica la credibilidad por una alianza circunstancial. Esa es la historia de algunos políticos profesionales, que se les reconoce como astutos, sagaces e inteligentes, pero en los que difícilmente esta sociedad podría confiar.

gabtorre@hotmail.com

19 03 2010
lupe

pendejos los que escribieron esta mamada, fui compañerA DE CARLOS CORONA Y NO FUWE CANDIDato unico de la preparatorio 3 pendejos contendio con otro pendejo que se llamaba carlos no se que más, y en la facultad, fuimos consejeros de centro los dos, primero antes de hechAR CAGADA INVESTIGUEN YA ESTAMOS HARTOS DE QUE CUALQUIER PENDEJO PUBLIQUE MIERDA Y MENTIRAS…. AH Y OTRA COSA CARLOS CORONA ES RICO DE ABOLENGO ESTUPIDOS Y TENGO PRUEBAS NOS ES MI FAMILIAR…………………..PUTOS.

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