Monarquía y herencia

8 11 2007

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Puntos y Contrapuntos

Pedro Mellado/MURAL

Desde el mismo día en que tomó posesión de su cargo como nuevo Rector General, para el periodo 2007-2013, el pasado domingo primero de abril, Carlos Jorge Briseño Torres se declaró preparado para escribir una nueva etapa en la historia de la Universidad de Guadalajara.

Anunció la tercera etapa histórica de la institución, antecedida, según su muy singular cronología, por el principio que determinó la restauración de la UdeG como institución pública de educación superior, en 1925 y, la segunda época, con el arribo de Raúl Padilla López al máximo poder en esa casa de estudios, en abril de 1989.

Sin embargo, Carlos Jorge tendrá que hacer acopio de paciencia y esperar su turno, para tratar de equipararse con su jefe político, guía moral, benefactor, consejero, maestro, gurú, el ex Rector General (1989-1995), Raúl Padilla López, quien, todo indica, todavía no ha decidido “heredar” su puesto de factótum o designar sucesor. O por lo menos pareciera que Carlos Jorge no ha sido seleccionado para tal propósito, aunque en algún momento el actual Rector General haya soñado con esa posibilidad o por lo menos esa certeza le habrían alimentado algunos de sus incondicionales.

Hay hechos concretos y signos claros, que corroboran que el jefe político de la UdeG sólo está dispuesto a ceder los espacios necesarios para que sus alfiles jueguen, pero siempre dentro de los límites que él ha establecido desde hace 18 años, cuando se apoderó de la institución que desde entonces maneja aplicando con singular habilidad un sistema de premios y castigos, de equilibrios inteligentemente cuidados y férreamente impuestos, al disponer en forma discrecional y patrimonialista de los empleos y los dineros en una institución que maneja como si fuera coto privado.

Carlos Jorge pretendió el mes pasado apoderarse de la presidencia de la Federación de Estudiantes Universitarios, para tratar de avanzar en la consolidación de un poder independiente dentro de las filas del mismo Grupo UdeG. Para tal propósito respaldó y promovió a César Íñiguez González, de la corriente autodenominada Vanguardia.

Sin embargo, no consideró que sus ambiciones de ser más fuerte, influyente e independiente en el seno de la institución, no eran compartidas por su jefe político, también conocido entre la comunidad universitaria como “el licenciado”, quien estimó peligrosa esa ambición de Carlos Jorge, que podría romper los equilibrios internos. Por tal razón le dio instrucciones precisas y personalísimas al Secretario General de la UdeG, José Alfredo Peña Ramos, para que operara la campaña y el triunfo de César Barba Delgadillo, de Proyecto U, quien finalmente resultó ganador.

El jefe de jefes de la UdeG le dio una lección a su ambicioso subordinado político, el actual Rector General, quien sin haber sido ungido como tal, se conducía como “príncipe heredero”, circunstancia que ya empezaba a provocar serias fracturas en la estructura del grupo que desde hace 18 años tiene secuestrada a la UdeG.

Pero esas no han sido las únicas señales que el factótum de la UdeG ha enviado para dejar en claro que todavía no han llegado los tiempos de la sucesión dinástica, o que por lo menos, no parece ser Carlos Jorge quien recibirá su herencia.

Los reyes, en sentido formal o figurado, sólo heredan a sus hijos, y en el esquema de afectos entrañables de Raúl Padilla López, sólo su hermano José Trinidad cumple ese requisito.


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Un comentario

17 01 2008
ramiro

si que le quiten el poder politico de la udeg al nido de ratas como lo son raul padilla y a todos sus compinches yo apoyo al rector carlos

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