Juan García de Quevedo/MURAL
Hace casi un año, en una reunión de comisión política permanente del PRI, se dijo que el Sr. Rector Carlos Briseño, en alianza con el Sr. Arturo Zamora, estaba preparando su candidatura al Gobierno de Jalisco. En ese entonces el argumento parecía más una provocación que algo que tuviera asidero en la realidad. Por lo excesivamente prematuro de esa supuesta candidatura, cualquier comentario carecía de relevancia aunque también se dijo que era una aspiración legítima. Al correr el año, el Sr. Rector Briseño ha estado presente en diferentes acontecimientos políticos del priismo en alianza y compañía del Sr. Arturo Zamora. Por supuesto que este activismo político sorprende porque históricamente los señores Rectores de la Universidad de Guadalajara tenían otras formas y maneras de presentarse ante la opinión pública. Podemos apuntar que el Rector Carlos Briseño es por lo menos heterodoxo. Su visibilidad y presencia política rompe con los ritmos tradicionales y acostumbrados por la Rectoría. Esa visibilidad es lo que convierte al señor Rector en un personaje público opinable, es decir, presente en todos los famosos “mentideros políticos” como nunca lo estuvo ningún Rector desde que tengo memoria. Y por supuesto ser opinable es también ser vulnerable. Vulnerable como Rector, que es lo que realmente le puede preocupar a la sociedad jalisciense porque construir una candidatura desde la Rectoría puede en el corto plazo no ser conveniente para la universidad y sus fines.
Un poco de historia: el Sr. Raúl Padilla encabezaba desde la Rectoría un movimiento cultural de largo alcance. La vinculación universidad y sociedad se fortaleció en y con ese proyecto cultural renovador y modernizador que la sociedad aprobó con entusiasmo. La hegemonía política y social de ese proyecto es indiscutible. Es a partir de ese proyecto cultural que la universidad abrió todos los espacios para el diálogo, conversación, entre universidad y sociedad. Sin embargo el sobrecargado activismo del actual Rector rompe con la anterior lógica académica y cultural y por tanto con los esquemas a los que nos habíamos acostumbrado. Este activismo del Sr. Briseño fácilmente podría resultar en un frágil Rector y un político poderoso. Poderoso hacia afuera y frágil hacia adentro por dedicarse más a sus convicciones políticas que a sus responsabilidades universitarias, mientras, desde mi perspectiva, es más fácil que el priismo se decida a llevar al Sr. Carlos Briseño a la candidatura por ser un extraordinario Rector que por ser un político poderoso. Porque ser un buen Rector lo hace atractivo para la sociedad, cosa que le conviene e interesa a cualquier partido.
Por otra parte, ser Rector implica también fatal y necesariamente guardar cierta distancia, autonomía, de los partidos y de la política partidaria. Esta distancia y autonomía que debería cultivar el Sr. Carlos Briseño no significa que los universitarios y sus grupos no hagan política en los partidos y menos que no hagan política en el PRI, donde existe toda una historia de afinidades y encuentros. En el caso del priismo, por historia y por elemental sentido común, el partido debe abrirse por entero a la participación de las diferentes personalidades universitarias. Cualquier distanciamiento entre el priismo y la universidad perjudica por supuesto al partido. Incluso, no puede entenderse la vida de ningún partido sin la participación de diferentes personalidades universitarias. Así pasa a nivel nacional como estatal ya que los universitarios oxigenan a los partidos y las personalidades universitarias son prioridad para las agendas partidistas. La relación y vinculación universidad, partidos, sociedad siempre debe estar presente.
Sin embargo la figura del Rector, por todo lo que significa, debe estar por encima, más allá, de los partidos. Por ello he considerado heterodoxa la actitud del Sr. Briseño desde que fue Secretario General de la Universidad. Pero, así como me pareció excesiva la afirmación hace casi un año de que el Sr. Rector, en alianza con el Sr. Arturo Zamora, estaría preparando su candidatura; hoy, ante la contundencia de los hechos, no me queda alternativa: es posible, es probable que sea cierto lo que se comenta en los mentideros políticos y el priismo cuente ya con una precandidatura prematura. Todo es posible y más cuando las famosas reglas no escritas de la política han sido, por la velocidad de los hechos, alteradas, trastocadas, transformadas. Cambian los hábitos, las formas, la liturgia política: lo que ayer parecía impensable e imposible, hoy puede ser necesario y obligado. Lo cierto es que en política lo que parece es, y sea o no sea verdad la actividad del Sr. Rector buscando la candidatura por el PRI, el priismo de hoy día se ve extraordinariamente vivo, entusiasmado, actuante y vigilante. En el priismo todo es movimiento y por tanto existencia. Un sano nerviosismo recorre a los jóvenes políticos, una sana ambición los hace luchar por posiciones.
Por lo pronto es bien posible que los heterodoxos de hoy sean los ortodoxos de mañana. La visibilidad, el protagonismo político del Rector le da claras ventajas y desventajas. En lo que se refiere al priismo, me parece una buena noticia que el Sr. Rector quiera ser candidato pero en lo que se refiere a la universidad no sé si pueda ser también una buena noticia.









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