Cúpula/Mural
Y MIENTRAS… el éxodo de briseñistas en busca del perdón continúa en la UdeG…
AHORA TOCÓ el turno a líderes estudiantiles que formaban parte de Vanguardia, la corriente encabezada por César Íñiguez y que le respondía a Briseño.
AL PRESIDENTE de la FEU, César Barba Delgadillo, ‘el Chicho’, le ha tocado la tarea de desmantelar la estructura de Vanguardia en prepas y centros universitarios mientras Íñiguez, que aparecía muy sonriente en las fotos levantándole la mano a Briseño, hoy no asoma ni la cabeza.
UNO QUE PIDIÓ clemencia fue Jesús Rojas, quien trabajaba en la vicerrectoría y durante la sesión en la que destituyeron a Briseño era de los que lanzó más gritos e insultos en contra de los padillistas… y ahora con la cabeza gacha sacó la banderita blanca.
HAY QUE ESTAR pendientes, pues hay quien dice que Iñiguez también aventará la toalla…

me encontre esto navegando en la red chenquenlo:
http://mx.youtube.com/watch?v=WZ1kU10gxeI
esta bien ofensivo, pero divertido
LOS UNICOS RESPONSABLES DE TODO!!
tu culo lo hizo uribe o chicho, esto es un problema que provoco los siguientes transas, traidores y delincuentes expulsados de la UdeG:
Carlos briseño torres
Gabriel torres espinoza
Paty etiene loumbert
Hector Salgado Rodriguez
Carlos Hurtado
Lorenzo Glez. ruiz
Felipe Oceguera Barragan
Leopoldo Perez Magaña
Carlos Corona
Cesar Iñiguez
Esclavos, o gatos y Cia.
entre otros.
Estos fueron los provocadores de problemas ahora espero les saquen sus trapitos al sol a todos y cada uno que se daban golpes de pecho de ser unas blancas palomitas y ahora estan expulsados de la UdeG como viles y lo que son unos Delincuentes fraudeadores del SEMS, CUCEI, CUC, ETC.
Metanlos al bote y que regresen todo lo que se robaron, por dios!!
Véanme por favor…
soy el maricón más grande de toda la universidad de guadalajara
Por favor, háganme un club de fans
http://mx.youtube.com/watch?v=WZ1kU10gxeI
Qué pasó con la red de pornografía en la que están metidos Gabriel Torres, Oscar Constantino, Magdiel Gómez Muñiz, Javier Hurtado, Paco Naco y Mario Ramos??????
Y que tal los comentarios del nuevo rector que no puede con la panza y ahora se alza el cuello de salvador de la u d g…..por favor esto es cosa de poder, tanto el mando comandado por padilla, como el de briseño tienen cola que les picen y mientras tanto los estudientes estamos en la cuerda de dime y diretes a disposicion de la anarquia de mucho peso……..y como dignamente la autoridad mexicana se corrompe…. quien sabe cuanto soltaron para que la resolucion del juez no sea legal y ojo claro dinero de nuestra casa de estudios….. hay que tener coerencia en lo que se habla y se dice…ahora estran mas ocupados en destituir a todo vinculo briseñista y con la prensa lo niegan…por favor piensen en la calidad academica y la larga trayectoria que an contribuido a que la poca o mucha calidad que tiene nuestra univercidad….y eso se lo vamos a dever a su majestad padilla
Véanme por favor… jaja
soy el maricón más grande de toda la universidad de guadalajara
Por favor, háganme un club de fans
http://mx.youtube.com/watch?v=WZ1kU10gxeI
Me parece de muy cobardes quienes estan haciendo esto. No conozco al vicerrector, pero es muy bajo lo que subieron a yu tube. Me averguenza la universidad.
PARA MI QUE BRISEÑO SERA EL FUTURO TITERE DEL GOBIERNO DEL ESTADO PARA GOLPEAR LA UNIVERSIDAD, LO MALO ES QUE SUS TRAIDORES AMIGOS YA ANDAN COQUETEANDO CON FUNCIONARIOS DE LA UDEG HABER SI LOS PERDONAN, PERO LO TRISTE ES……
EL QUE TRAICIONA UNA VEZ TRAICIONA DOS VECES::::::
DEDICATORIA A LOS EXPRESIS DE LA FEU
LORENZO ANGEL (SEMS TRANSA)
FELIPE OCEGUERA (EL TRAIDOR)
LEOPOLDO PEREZ (LUCAS) EL IMBECIL DE LA FEU
CARLOS CORONA (EL NEFASTO INCAPAZ)
BOLA DE INUTILES QUE YA SE LES ACABO VIVIR DEL PRESUPUESTO JUNTO A SUS LANGARAS ESPOSAS, RATAS TRANSAS.
Que barbaridad es la que se vive en la Ude G, por eso estamos como estamos, me da tremendo gozo saber que la sociedad está despierta ante situaciones que no permisibles, pero si repruebo lacantidad de sandeses que publican no solo para desacreditar a ún má sa quienes por una causa o razón tuvieron que abandonar la Ud G, es necesario continuar el camino sin mirar atrás , a menos que sea solo para no repetir los mismos errores , me causa pena que el medio se de cuenta de la cantidad de basura que se se muesta de mi amada alma mater. es tiempo de avnzar , pero todo en unidad … mientras por una lado aun se festejan ” victorias” internas…. por otros que es el más imortante , los representantes politicos nacionals , nos cascan cada día mas impuestos … es si es ” poca madre”, y vosotros …? aún festejando las victorias internas … ups … que pena.
A GABRIEL TORRES.
Estoy interesado en que pudieras apoyarme a proporcionarme información acerca de la res de pornografía en la cual están vinculados Gabriel Torres, Oscar Constantino, Magdiel Gómez Muñiz, Javier Hurtado, Paco Naco y Mario Ramos. esto es con el fin de una investigación personal y necesito toda la información posible para saber donde comenzar a atar cabos y sustentar mis señalamientos.
Gracias.!
La Liga Comunista, una organización obrera internacional, que en las circunstancias de la época -huelga decirlo- sólo podía ser secreta, encargó a los abajo firmantes, en el congreso celebrado en Londres en noviembre de 1847, la redacción de un detallado programa teórico y práctico, destinado a la publicidad, que sirviese de programa del partido. Así nació el Manifiesto, que se reproduce a continuación y cuyo original se remitió a Londres para ser impreso pocas semanas antes de estallar la revolución de febrero. Publicado primeramente en alemán, ha sido reeditado doce veces por los menos en ese idioma en Alemania, Inglaterra y Norteamérica. La edición inglesa no vio la luz hasta 1850, y se publicó en el Red Republican de Londres, traducido por miss Elena Macfarlane, y en 1871 se editaron en Norteamérica no menos de tres traducciones distintas. La versión francesa apareció por vez primera en París poco antes de la insurrección de junio de 1848; últimamente ha vuelto a publicarse en Le Socialiste de Nueva York, y se prepara una nueva traducción. La versión polaca apareció en Londres poco después de la primera edición alemana. La traducción rusa vio la luz en Ginebra en el año sesenta y tantos.
Por mucho que durante los últimos veinticinco años hayan cambiado las circunstancias, los principios generales desarrollados en este Manifiesto siguen siendo substancialmente exactos. Sólo tendría que retocarse algún que otro detalle. Ya el propio Manifiesto advierte que la aplicación práctica de estos principios dependerá en todas partes y en todo tiempo de las circunstancias históricas existentes, razón por la que no se hace especial hincapié en las medidas revolucionarias propuestas al final del capítulo II. Si tuviésemos que formularlo hoy, este pasaje presentaría un tenor distinto en muchos respectos. Este programa ha quedado a trozos anticuado por efecto del inmenso desarrollo experimentado por la gran industria en los últimos veinticinco años, con los consiguientes progresos ocurridos en cuanto a la organización política de la clase obrera, y por el efecto de las experiencias prácticas de la revolución de febrero en primer término, y sobre todo de la Comuna de París, donde el proletariado, por vez primera, tuvo el Poder político en sus manos por espacio de dos meses. La comuna ha demostrado, principalmente, que “la clase obrera no puede limitarse a tomar posesión de la máquina del Estado en bloque, poniéndola en marcha para sus propios fines”. (V. La guerra civil en Francia, alocución del Consejo general de la Asociación Obrera Internacional, edición alemana, pág. 51, donde se desarrolla ampliamente esta idea) . Huelga, asimismo, decir que la crítica de la literatura socialista presenta hoy lagunas, ya que sólo llega hasta 1847, y, finalmente, que las indicaciones que se hacen acerca de la actitud de los comunistas para con los diversos partidos de la oposición (capítulo IV), aunque sigan siendo exactas en sus líneas generales, están también anticuadas en lo que toca al detalle, por la sencilla razón de que la situación política ha cambiado radicalmente y el progreso histórico ha venido a eliminar del mundo a la mayoría de los partidos enumerados.
Desgraciadamente, al pie de este prólogo a la nueva edición del Manifiesto ya sólo aparecerá mi firma. Marx, ese hombre a quien la clase obrera toda de Europa y América debe más que a hombre alguno, descansa en el cementerio de Highgate, y sobre su tumba crece ya la primera hierba. Muerto él, sería doblemente absurdo pensar en revisar ni en ampliar el Manifiesto. En cambio, me creo obligado, ahora más que nunca, a consignar aquí, una vez más, para que quede bien patente, la siguiente afirmación:
La idea central que inspira todo el Manifiesto, a saber: que el régimen económico de la producción y la estructuración social que de él se deriva necesariamente en cada época histórica constituye la base sobre la cual se asienta la historia política e intelectual de esa época, y que, por tanto, toda la historia de la sociedad -una vez disuelto el primitivo régimen de comunidad del suelo- es una historia de luchas de clases, de luchas entre clases explotadoras y explotadas, dominantes y dominadas, a tono con las diferentes fases del proceso social, hasta llegar a la fase presente, en que la clase explotada y oprimida -el proletariado- no puede ya emanciparse de la clase que la explota y la oprime -de la burguesía- sin emancipar para siempre a la sociedad entera de la opresión, la explotación y las luchas de clases; esta idea cardinal fue fruto personal y exclusivo de Marx .
Y aunque ya no es la primera vez que lo hago constar, me ha parecido oportuno dejarlo estampado aquí, a la cabeza del Manifiesto.
La primera edición rusa del Manifiesto del Partido Comunista, traducido por Bakunin, vio la luz poco después de 1860 en la imprenta del Kolokol. En los tiempos que corrían, esta publicación no podía tener para Rusia, a lo sumo, más que un puro valor literario de curiosidad. Hoy las cosas han cambiado. El último capítulo del Manifiesto, titulado “Actitud de los comunistas ante los otros partidos de la oposición”, demuestra mejor que nada lo limitada que era la zona en que, al ver la luz por vez primera este documento (enero de 1848), tenía que actuar el movimiento proletario. En esa zona faltaban, principalmente, dos países: Rusia y los Estados Unidos. Era la época en que Rusia constituía la última reserva magna de la reacción europea y en que la emigración a los Estados Unidos absorbía las energías sobrantes del proletariado de Europa.
Hoy las cosas han cambiado radicalmente. La emigración europea sirvió precisamente para imprimir ese gigantesco desarrollo a la agricultura norteamericana, cuya concurrencia está minando los cimientos de la grande y la pequeña propiedad inmueble de Europa. Además, ha permitido a los Estados Unidos entregarse a la explotación de sus copiosas fuentes industriales con tal energía y en proporciones tales, que dentro de poco echará por tierra el monopolio industrial de que hoy disfruta la Europa occidental. Estas dos circunstancias repercuten a su vez revolucionariamente sobre la propia América. La pequeña y mediana propiedad del granjero que trabaja su propia tierra sucumbe progresivamente ante la concurrencia de las grandes explotaciones, a la par que en las regiones industriales empieza a formarse un copioso proletariado y una fabulosa concentración de capitales.
Pasemos ahora a Rusia. Durante la sacudida revolucionaria de los años 48 y 49, los monarcas europeos, y no sólo los monarcas, sino también los burgueses, aterrados ante el empuje del proletariado, que empezaba a, cobrar por aquel entonces conciencia de su fuerza, cifraban en la intervención rusa todas sus esperanzas. El zar fue proclamado cabeza de la reacción europea. Hoy, este mismo zar se ve apresado en Gatchina como rehén de la revolución y Rusia forma la avanzada del movimiento revolucionario de Europa..
El Manifiesto Comunista se proponía por misión proclamar la desaparición inminente e inevitable de la propiedad burguesa en su estado actual. Pero en Rusia nos encontramos con que, coincidiendo con el orden capitalista en febril desarrollo y la propiedad burguesa del suelo que empieza a formarse, más de la mitad de la tierra es propiedad común de los campesinos.
Ahora bien -nos preguntamos-, ¿puede este régimen comunal del concejo ruso, que es ya, sin duda, una degeneración del régimen de comunidad primitiva de la tierra, trocarse directamente en una forma más alta de comunismo del suelo, o tendrá que pasar necesariamente por el mismo proceso previo de descomposición que nos revela la historia del occidente de Europa?
La única contestación que, hoy por hoy, cabe dar a esa pregunta, es la siguiente: Si la revolución rusa es la señal para la revolución obrera de Occidente y ambas se completan formando una unidad, podría ocurrir que ese régimen comunal ruso fuese el punto de partida para la implantación de una nueva forma comunista de la tierra.
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Cuando la clase obrera europea volvió a sentirse lo bastante fuerte para lanzarse de nuevo al asalto contra las clases gobernantes, nació la Asociación Obrera Internacional. El fin de esta organización era fundir todas las masas obreras militantes de Europa y América en un gran cuerpo de ejército. Por eso, este movimiento no podía arrancar de los principios sentados en el Manifiesto. No había más remedio que darle un programa que no cerrase el paso a las tradeuniones inglesas, a los proudhonianos franceses, belgas, italianos y españoles ni a los partidarios de Lassalle en Alemania . Este programa con las normas directivas para los estatutos de la Internacional, fue redactado por Marx con una maestría que hasta el propio Bakunin y los anarquistas hubieron de reconocer. En cuanto al triunfo final de las tesis del Manifiesto, Marx ponía toda su confianza en el desarrollo intelectual de la clase obrera, fruto obligado de la acción conjunta y de la discusión. Los sucesos y vicisitudes de la lucha contra el capital, y más aún las derrotas que las victorias, no podían menos de revelar al proletariado militante, en toda su desnudez, la insuficiencia de los remedios milagreros que venían empleando e infundir a sus cabezas una mayor claridad de visión para penetrar en las verdaderas condiciones que habían de presidir la emancipación obrera. Marx no se equivocaba. Cuando en 1874 se disolvió la Internacional, la clase obrera difería radicalmente de aquella con que se encontrara al fundarse en 1864. En los países latinos, el proudhonianismo agonizaba, como en Alemania lo que había de específico en el partido de Lassalle, y hasta las mismas tradeuniones inglesas, conservadoras hasta la médula, cambiaban de espíritu, permitiendo al presidente de su congreso, celebrado en Swansea en 1887, decir en nombre suyo: “El socialismo continental ya no nos asusta”. Y en 1887 el socialismo continental se cifraba casi en los principios proclamados por el Manifiesto. La historia de este documento refleja, pues, hasta cierto punto, la historia moderna del movimiento obrero desde 1848. En la actualidad es indudablemente el documento más extendido e internacional de toda la literatura socialista del mundo, el programa que une a muchos millones de trabajadores de todos los países, desde Siberia hasta California.
Y, sin embargo, cuando este Manifiesto vio la luz, no pudimos bautizarlo de Manifiesto socialista. En 1847, el concepto de “socialista” abarcaba dos categorías de personas. Unas eran las que abrazaban diversos sistemas utópicos, y entre ellas se destacaban los owenistas en Inglaterra, y en Francia los fourieristas, que poco a poco habían ido quedando reducidos a dos sectas agonizantes. En la otra formaban los charlatanes sociales de toda laya, los que aspiraban a remediar las injusticias de la sociedad con sus potingues mágicos y con toda serie de remiendos, sin tocar en lo más mínimo, claro está, al capital ni a la ganancia. Gentes unas y otras ajenas al movimiento obrero, que iban a buscar apoyo para sus teorías a las clases “cultas”. El sector obrero que, convencido de la insuficiencia y superficialidad de las meras conmociones políticas, reclamaba una radical transformación de la sociedad, se apellidaba comunista. Era un comunismo toscamente delineado, instintivo, vago, pero lo bastante pujante para engendrar dos sistemas utópicos: el del “ícaro” Cabet en Francia y el de Weitling en Alemania. En 1847, el “socialismo” designaba un movimiento burgués, el “comunismo” un movimiento obrero. El socialismo era, a lo menos en el continente, una doctrina presentable en los salones; el comunismo, todo lo contrario. Y como en nosotros era ya entonces firme la convicción de que “la emancipación de los trabajadores sólo podía ser obra de la propia clase obrera”, no podíamos dudar en la elección de título. Más tarde no se nos pasó nunca por las mentes tampoco modificarlo.
ruego me mandeis informacion de lo que hace mal hector salgado alli,aqui es en españa consul de ecuador en sevilla y huelva ,y tengo un caso gordo pendiente con el .