El papelito y el papelón

27 02 2009

Diego Petersen Farah/Público

A finales de noviembre, días antes de que comenzara la Feria Internacional del Libro, Carlos Briseño aseguraba que el tribunal fallaría en cuestión de días el asunto de su amparo. Pasó la feria, desplegados fueron y vinieron y el papelito que lo reinstalaría en la silla de la Rectoría no llegó. Los rumores crecieron nuevamente en vacaciones. Los briseñistas inundaron la ciudad de pintas (una de ellas con una falta de ortografía de antología, univercitarios, que Briseño atribuyó a la mala fe y perversidad de sus contrarios y no al nivel cultural de sus hustes; cualquiera de las dos explicaciones es posible) y de café en café corría que en plenas vacaciones Briseño sería reinstalado. Diciembre me gustó pa regresar, cantaba Briseño, pero le llegó la Navidad y el Año Nuevo sin novedad. Los Reyes tampoco le trajeron regalito y se quedó esperando en la escalera. Esta semana, otra vez, el rumor creció: ahí viene el papelito del tribunal que hará de nuevo rector a Briseño, aunque sea nomás para que lo vuelvan a correr, pero nada pasó. El fallo saldría hoy, pero es muy probable que no salga nada.

¿Qué puede pasar si sale el papelito? Los briseñistas ven a Carlos Jorge I de la UdeG, conde de Briseñas y señor de La Barca, sentado en el trono universitario y desterrando a la dinastía de una vez y para siempre de los raulistas. Eso evidentemente no va a pasar. Sus opositores tienen claro que ya lo sacaron y que no lo dejarán volver. Una cosa es que un tribunal le reintegre el nombramiento, porque fue destituido de mala manera, y otra que llegue a ejercer la Rectoría. El propio Briseño sabe que es imposible. Más allá de gritos y sombrerazos, que sin duda los habría si hay una resolución a favor del ex rector, la situación de la Universidad, para bien o para mal, según desde dónde se vea, no va a cambiar.

No es que los tribunales le tengan miedo a las universidades, pero cualquier resolución va a cuidar de manera clara y específica no provocar inestabilidad en el gobierno universitario. Las universidades son todavía factores claves de gobernabilidad en el país y esos temas se cuidan aquí y en Francia (iba a decir en China, pero allá no se cuidan, sólo se imponen y punto).

El tiempo corre en contra de Briseño. Él lo sabe y lo saben sus contrarios. Por eso presiona para que se resuelva antes de que se le acabe la gasolina económica y mediática; la Universidad juega al cansancio. El riesgo para Briseño es que para cuando salga el pepelito lo único que logre sea hacer un papelón, y para allá vamos.


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